30 abr 2014

MH370 Malaysia Airlines

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Tengo que reconocer que todo lo que rodea al vuelo MH370 de la compañía aérea Malasia y del que no sabemos absolutamente nada desde su despegue del aeropuerto de Kuala Lumpur el pasado 8 de marzo, resulta extremadamente desconcertante.
Está claro que algo tiene que haberle ocurrido y que entre las posibilidades cabe ciertamente la de que se encuentre en el fondo del océano Índico, que tiene cuatro mil metros de profundidad y más de siete mil en algunos puntos.
Resumidos y objetivamente vistos los hechos son como siguen:
 
1.- El vuelo despega a las 00:41 con destino noreste, hacia Pekín, a donde llegaría a las 18:30 ese mismo día 8.
2.- Malaysia Airlines pierde contacto con el avión a la hora del despegue. No se recibe mensaje alguno de peligro y el tiempo está despejado.
3.- El sistema de señales que identifica la nave en el radar fue desconectado una hora más tarde del despegue.
4.- Las autoridades de aviación civil de Vietnam confirman que el avión no ha cumplido el “check in” previsto en el horario de vuelo al sobrevolar el mar entre Malasia y la ciudad de Ho Chi Min.
5.- Un radar militar malasio confirma que la aeronave vira hacia el oeste. El avión desaparece de los registros de seguimientos de la página web flightaware.com -dedicada al rastreo de vuelos- un minuto más tarde, mientras continúa ascendiendo hasta casi 11 mil metros.
6.- Vietnam afirma que una gran mancha de aceite y una columna de humo han sido vistas en sus aguas.
7.- Un austriaco y un italiano incluidos en la lista de pasajeros no estaban en realidad a bordo. Dijeron que sus pasaportes les habían sido robados
8.- Los barcos enviados por Malasia a la zona en la que se mantuvo el último contacto no encuentran señal alguna de restos del avión.
¿Por qué se desconecta el sistema de señales? ¿Cómo ha sido posible que el aparato permaneciese tanto tiempo invisible a los radares de defensa? ¿Por qué se sale del curso previsto y gira al oeste? ¿No resulta demasiado casual que haya transcurrido el tiempo de vida útil de las cajas negras, único elemento de prueba que podría haber acreditado fehacientemente lo acaecido?
Si fue un secuestro, no debe ser fácil ocultar el rastro de un Boeing 777 de 135 mil kilos de peso y 65 metros de longitud a los ojos de satélites militares. En mi opinión, ya habrían dado con él.
Si fue un accidente, ¿cómo es que nadie recibe el famoso “¡may day, may day!” de socorro? ¿Dónde están los restos del fuselaje o de las alas? Por otro lado, esta hipótesis de una catástrofe aérea no puede responder ninguna de las preguntas antes citadas.
Total, que navegando por la red me encontré con la página de un piloto italiano que parecía tener cierto reconocimiento y que publicaba un artículo titulado “¿Y si el vuelo MH370 fue intencional o accidentalmente derribado?”. La riqueza visual de la página, la calidad de las fotos y la gran cantidad de anunciantes que se publicitaban en ella, revelaban una seriedad que luego me confirmó uno de los muy numerosos comentarios que tuvo el italiano David Cenciotti, que así se llama el piloto, a este artículo. La página es en inglés. El plano de más atrás lo copié de su artículo.
Se notaba a la primera que los comentarios venían de pilotos o de gente muy relacionada con el gremio porque muchos eran de carácter técnico y porque aquella era una página dedicada .....¡a los aviones!
Uno de ellos apuntó que, quizás, el avión cambió el rumbo, apagó sus sistemas de señales, desapareció de los radares civiles y al volar tan bajo pudo dirigirse hacia un objetivo sensible de la región, algún país se sintió amenazado o pensó que se trataba de un ataque terrorista y lo derribó con un misil.
Otro señalaba en el mismo sentido a los yanquis. El vuelo MH370 habría virado al oeste e invadido el espacio aéreo de Diego García, la base militar súper secreta que tienen los norteamericanos en el Índico. En pocas palabras, los yanquis se sorprendieron al ver en su radar un avión comercial sobre una zona que no está asignada a este tipo de vuelos, intentaron contactar con ellos, no obtuvieron respuesta, lo consideraron hostil y lo derribaron.
Los comentarios cuestionaban que un misil dejaría restos detectables, hasta que otro lector salió y apuntó que “un misil incendiario lo arrasaría todo sin dejar rastro”. A mi no me extraña en absoluto que exista tecnología para ello. La eventualidad de tener que destruir un vuelo de pasajeros y la necesidad de tener que hacerlo sin dejar rastro, seguro está prevista por más de un país.
La extremada pericia del piloto del vuelo MH370 fue uno de los aspectos también sacados a relucir. Parece ser que el manejo de un avión de estas características a tan baja altura evitando radares durante tanto tiempo, no es algo al alcance de un piloto comercial, ni se aprende en curso de entrenamiento, sino que es más propio de pilotos militares muy expertos, con altísima preparación y con muchas horas de vuelo de reconocimiento. Ahí dejo el enlace a la página de Cenciotti por si a alguien le interesa echarle un ojo. http://theaviationist.com/2014/03/19/mh370-shot-down/
Sin embargo, hay otra teoría radicalmente distinta que señala diferentes motivos. 
Parece ser que entre el pasaje del vuelo MH370 había cuatro ciudadanos de origen chino. Los cuatro forman parte del grupo de cinco personas propietarias de los derechos de una nueva patente de su propia invención que va a revolucionar el mundo de la defensa. Esta patente está pendiente de registro. Se trata de un superconductor con aplicaciones en la industria militar, en la médica y en la de telecomunicaciones que puede reportar beneficios multimillonarios. Al no hallarse registrada aún, resulta que en caso de fallecimiento de alguno de los propietarios, su parte se repartiría entre el resto. Han muerto los cuatro ciudadanos de origen chino, luego el quinto miembro del grupo, una persona jurídica, la corporación norteamericana Freescale Semiconductor Inc., fundada en 2004 a partir de la división de Motorola, resulta ser la beneficiaria absoluta y única de este nuevo superconductor cuya aplicación más directa es la de formar parte de chips de radares militares. La CIA tiene importantes contratos con Freescale Semiconductor Inc. No debe descartarse tampoco esta posibilidad. ¿Permitiría la CIA que ciudadanos de origen chino pudiesen estar en disposición de transmitir, por ejemplo, a China, información sobre esos revolucionarios chips para radares militares?, ¿pudieron considerarlo una cuestión de seguridad nacional? o ¿pudo el quinto en discordia planear la eliminación de sus cuatro socios, aunque significase hacerlo también con el resto inocente del pasaje, con la intención de quedarse con todos esos beneficios multimillonarios?http://www.elimparcial.es/contenido/136091.html
La extraña historia que envuelve todo lo relacionado con este vuelo, junto con los numerosos aspectos que quedan sin una justificación medianamente razonable, alimentan sin duda alguna la proliferación de las llamadas "teorías conspiranoicas”, un término éste un tanto excesivo para señalar a unas personas que frente a la realidad objetiva de unos mismos hechos, sólo se limitan a manifestar una visión distinta de la de su interlocutor. 
Y entonces recordé el 11-M, la versión oficial y la crítica, feroz en algunos casos, que han recibido muchos de los que no se la creen a pies juntillas.


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24 abr 2014

Costaleros de Vegueta. Semana Santa 2014


El retrato es de las cosas que más me gustan de la fotografía, pero mi hija, que era el rostro principal de la mayoría de ellos, hace tiempo que se viene negando en redondo a que le haga una foto, cuánto menos a posar para una sesión fotográfica como solía. Deben ser sus catorce años.

Como no había ya a quién retratar, los domingos me dediqué a fotografiar paisajes de la isla aprovechando mis salidas mañaneras con la moto. La portada de este blog es prueba de ello.

Y en esas estaba, es decir, hasta los mismísimos de los paisajes, cuando hará un mes, más o menos, un amigacho me comentó que los domingos, entre las nueve de la mañana y la una de la tarde, había visto “entrenando” por las calles de Vegueta a los costaleros de los dos tronos de la iglesia de Santo Domingo.

Este amigacho me “sugirió” la idea de pasarme por allí y lo entrecomillo porque previamente ya medio se había comprometido con uno de los capataces, conocido suyo, a hacer un reportaje sobre la procesión del Domingo de Ramos, ya no sólo con fotos, sino que incluso le ofreció un vídeo montaje con música y las instantáneas realizadas que tendría que hacer yo. ¡Vamos, lo propio de los amigos!

Así que, con cierta incertidumbre, me planté un domingo sobre las nueve y pico en la plaza de Santo Domingo cámara en ristre sin saber bien qué me iba a encontrar.

Ya había costaleros cuando llegué, pocos aún, pero fueron apareciendo más y más en los siguientes treinta minutos. En aquellos momentos para mi todos eran iguales.

A la hora y algo de estar tirando fotos, aún en la plaza, comprobé cómo se iban formando dos grupos diferenciados cada vez más compactos, cómo unos ayudaban a otros a ajustarse el trozo de tela que se ponen en la cabeza, el costal, estirándolo para dejarlo sin arrugas en evitación de lesiones o enrollándolo al trozo de paño fuertemente ajustado, la “morcilla”, dónde soporta la cerviz del costalero el peso del trono. En un momento dado, uno de los grupos entró en la iglesia y comenzó a preparar el paso para sacarlo a la calle. Al poco, el otro hizo lo mismo con el suyo.

Y empecé el recorrido con ellos por Vegueta. Tan pronto como los vi sacar los tronos de la iglesia, me asombré del enorme esfuerzo que tienen que realizar para moverlos siquiera dos docenas de metros. A medida que íbamos adentrándonos en el barrio, mi sorpresa se iba convirtiendo en profunda admiración. ¿Cómo era posible? Un domingo, a las diez de la mañana, setenta u ochenta hombres de distintas edades dispuestos a levantar y a conducir un artefacto de un peso desconocido, pero que yo veía exigía la fuerza de treinta y cinco de ellos para moverlo pocos metros antes de tener que detenerse para tomar resuello. Me costaba entenderlo.

En los ensayos, los Costaleros se acompañaban de música que reproducían en un mp3 o dispositivo similar. Los redobles de caja acompasados con los golpes secos del bombo y el sonido rajado de las trompetas, típico de los desfiles de Semana Santa, empezaron a sumergirme en el ambiente de las procesiones mientras caminábamos por el barrio. De pronto, el trono parado, yo con la cámara medio despistado, voces del capataz, golpe de madera contra madera, uno, dos y tras el tercer golpe, un grito súbito, potente, cargado de sentimiento inunda la calle “¡Vámonos pa’l cielo!”…..y veo como el paso es lanzado hacia arriba, quedándose los costaleros en el aire tras el impulso y amortiguando con sus cuerpos el peso del trono en la caída…..¡se me puso la piel de gallina! Desde aquel primer domingo me vi rendido frente a aquellos valientes, obligado a soltar la cámara en más de una ocasión, para aplaudir junto al escaso público las “levantás”, aún cuando sólo se trataba de un “entrenamiento”.

Seguí con ellos un rato más y al poco, serían ya las doce del día, me fui a mi casa. Cuando descargué la cámara…..había disparado 370 fotos. Al verlas en el ordenador tuve que admitir que la procesión del Domingo de Ramos no iba a ser el objeto de mi reportaje. No podía serlo de ninguna manera después de lo que había visto aquella mañana. Decidí que hiciese lo que hiciese, serían los costaleros los protagonistas. Al fin y al cabo, son los únicos a los que nadie ve en la procesión y por ello, los únicos que de antemano no buscan lucimiento personal alguno. Los cofrades de ambos sexos, aunque lo hagan desde la humildad propia que impone la ocasión, se lucen con sus trajes y guantes negros, exhibiendo con orgullo sus condecoraciones, estandartes e insignias y sus peinetas colocadas con precisión sobre sus peinados de peluquería, al igual que los Nazarenos aunque no veamos sus caras, al igual que las Imágenes de la Virgen María y de su Hijo que se nos muestran con el esplendor exquisito y soberbio de sus mejores galas. En cambio los costaleros muestran su fe y sacrificio de forma callada, ocultos tras un manto, escondidos de todo, a la vista de nadie y sin esperar reconocimiento alguno distinto de los aplausos abstractos del público; el mismo anonimato del que habla Jesús en el Sermón de la Montaña refiriéndose a la limosna: Mas cuando tú des limosna, que sea tu limosna en secreto.

El siguiente domingo repetí la experiencia. Esta vez fueron 400 las fotos y más de lo mismo, recorrí las calles a su lado disparando a todo lo que se me ponía tiro. “¡Ahora valientes,……..vamos a disfrutar!” gritaba el capataz antes de golpear por tercera vez el trono.

Por entonces, ya había seleccionado bastantes fotos y desechado otras tantas. Ya sabía a qué trono pertenecía casi cualquiera de los costaleros, que de tanto verlos mientras comprobaba, retocaba o mejoraba las fotos, se convirtieron en rostros si no familiares, sí que reconocibles casi a la primera por la calle. Ya no consideraba necesario ni siquiera dejarme caer por la procesión, ¿para qué, si ella no era el objeto de mi reportaje? Pero mi amigacho insistió  “pero ¡cómo no vamos a tener fotos del día D!”

Y llegó el Domingo de Ramos. Gran cantidad de gente había ocupado aquella zona de Vegueta. La plaza de Santo Domingo se me apareció inexpugnable cuando intenté acercarme. Muros formados por varias filas de personas impedían el paso al ocupar todo el perímetro de la plaza. Saqué bastantes fotos y, de nuevo, me vi a mi mismo dejando a un lado la cámara y aplaudiendo cada “levantá” de los tronos. El sonido seco, cortante y preciso del redoble de la caja y del bombo, junto con el timbre de las trompetas de la banda de música que acompañaba a los tronos, -ya no era un mp3- me atravesaba y me recorría el cuerpo por dentro como si fuera corriente eléctrica. ¡Que emocionante!

Me lo he pasado fenomenal acompañando a los Costaleros de la “Real e Ilustre Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de la Esperanza de Vegueta” mientras se preparaban para su gran día por las calles del barrio. He hecho retratos de casi todos. Riendo en las paradas y sufriendo juntos a la hora de tirar de los tronos. Ayudándose entre ellos y dándose ánimos para seguir hacia delante sin desfallecer. Sustituyéndose bajo el trono a medida que iban avanzando y descansando “molidos”, apoyados en las traviesas de los pasos al llegar de vuelta a la Parroquia de Santo Domingo donde tienen su sede.

Al final, me vi con tantas fotos, que no pude evitar hacer varios montajes de vídeo en lugar de uno sólo como había previsto.

Este dura nueve minutos, incluye a ambos tronos y le he puesto como banda sonora dos temas: una saeta y la composición “Costaleros”, obligada para la ocasión. La duración de este primer montaje es a todas luces excesiva, puede incluso resultar algo repetitiva en ocasiones, pero claro, comprobé que Youtube estaba plagado de vídeos sobre procesiones con una duración casi siempre superior a los diez minutos y me dije que si aquellos metrajes eran aceptables para recrear el discurrir de los tronos y de las imágenes por las calles de la ciudad, también lo sería el mío que encima retrataba el inmenso esfuerzo de los protagonistas del trabajo más duro y sacrificado que se realiza el Domingo de Ramos. Sólo hay dos instantáneas del día de la procesión. Una por cada imagen.

 Ahí está. 1080 HD y a pantalla completa se ve genial.





Me he quedado con unas 280 fotos de las casi 800 que disparé entre los tres domingos y con la satisfacción de habérmelo pasado del quince fotografiando a los Costaleros de los tronos de la parroquia de Santo Domingo.




2 abr 2014

Cosa de Hermanos


En Las Palmas de Gran Canaria funcionan dos conocidas empresas de hostelería, que tienen repartidos varios bares y restaurantes por toda la ciudad. Son empresas de carácter familiar. La vaina va de hermanos. Por un lado tenemos al grupo “Hermanos Rogelio”. Por otro, al grupo “Hermanos García”. Ambos sirven comida casera.

Desde el año 2008 desayunábamos a diario en el local que “Hermanos García” regenta en la calle de León y Castillo, cerca de Obispo Rabadán por tres euros y pico. A menudo, almorzábamos y a veces hasta era el lugar de la “arrancadilla” cuando salíamos algún viernes de comida después del trabajo. El tiempo nos dio confianza con los camareros que ya con vernos entrar sabían nuestra comanda.

Pero ya metidos en la crisis, de repente, un día, el tamaño del sempiterno pincho de tortilla mañanero que nos venían sirviendo regularmente menguó de manera considerable. Tardamos algunos días más en darnos cuenta que los recortes también habían afectado no sólo al diámetro de la taza en la que nos servían el café con leche, sino incluso al de los platos en los que venía la comida. Menos tortilla, menos café, menos leche, pero el mismo precio.

Total que “Hermanos García” nos obligó a buscar nuestro desayuno diario en otro lado. No hemos vuelto más.

Varias semanas pasamos probando distintos bares, pidiendo exactamente lo mismo para comparar precios. Nadie bajaba de los 3’20 euros.

Hasta que encontramos el bar “Valparaíso”, en la calle Eusebio Navarro, 72. No hay nada más barato en relación calidad/cantidad/precio por la zona. Un generoso pincho de tortilla con un buen café con leche, al precio de 2’50 euros.

Aún después del éxito incuestionable de nuestro hallazgo alimentario, no puedo evitar pensar que estamos hablando de 415 pesetas, es decir, que el pincho de tortilla y el café con leche que no llegaba nunca a las 250 pesetas, valía ahora en cualquier lado 3’20 euros………¡¡¡532 pesetas!!!

Encontramos también una panadería, cerca de este último bar, en la que se preparaban bocadillos de tortilla y probamos. Nos lo comíamos allí, de pie en una pequeña barra. El bocata y una botella pequeña de agua con gas, 2’10…..350 pesetas…..¡por poco más de diez duros, estábamos más cómodos sentados en el Valparaíso! Desde hace tiempo este bar nos tiene como habituales clientes.

Y en estas, -no recuerdo porqué tuve que desayunar sólo- me dio por entrar en el local que “Hermanos Rogelio” posee en la calle Lugo, “El Buen Comer”. Tengo que reconocer que se come bastante bien. El escalope con papas fritas es el plato preferido de mi hija con la que voy de vez en cuando, siempre a entera satisfacción. Sirven un pedazo de carne considerable, que además viene acompañado de guarnición y está bien de precio.

Me senté en la barra y pedí…..¡pues un pincho de tortilla y un café con leche! Cuando me lo trajeron y vi aquello –tuve que conectar el marcapasos portátil que llevo siempre encima para casos como estos- no pude evitar preguntarle al camarero con incredulidad sobresaliente “¿cuánto me va a cobrar por este pincho, que parece más un “pinchito”? “Creo que sale dos euros”. Pensé que el café me costaría 1’20 euro y 2 de la tortilla, pues los tres y pico habituales.

El pincho era bastante menos de la mitad de lo que nos sirven en Valparaiso.

El trocito de tortilla – sin duda recién destetado- aparecía solo, desvaído, triste, como mal alimentado. Juraría que pasaba frío. Ni siquiera podía mantener firme la consitencia triangular con la que lo habían traído al mundo. Y allí, asustado y perdido en el centro de la inmensidad descomunal de un plato pequeño, creía firmemente que había sido abandonado por sus padres, en un lugar gigantesco que, sin duda para él, sólo podía ser el desierto del Gobi.

En fin, jamás había visto un pincho de tortilla tan mísero y tan rácano y debe ser cosa de “hermanos”, porque la taza de café con leche era igual de roñosa y tacaña. A medida que me iba comiendo aquello me fui poniendo de mala leche y los tres euros “habituales” dejaron de serlo tan pronto como aquel abuso empezó a atragantárseme  .

Acabé, me dirigí a la caja a pagar y antes de que la cajera me dijera ni mú, le espeté un “déjeme la factura por favor” que no le hizo ninguna gracia.

Pincho 2.50; café con leche 1; igic 0.25; total 3’75………….¡¡¡¡¡ 623.94 pesetas!!!!!

He cogido la factura, la he pegado en un folio DIN-A4 y la he colocado con cinta adhesiva en la puerta de mi despacho para que cada vez que salga a desayunar jamás olvide a “Hermanos Rogelio” y a la detestable y asquerosa miseria con que sirve sus tapas. No volveré nunca más. Ni siquiera para el escalope con papa fritas que tanto le mola a mi hija

No sé si ocurrirá lo mismo en otras partes de España, pero desde luego lo que es por aquí, la moneda de 20 duros se ha hecho equivaler a la de un euro.

¡Lamentable!






Moto