31 ago 2023

¡A Tenerife!


Han pasado un poco más de ocho meses desde que compré la Honda y tengo que reconocer que estoy encantado


A día de hoy sigo sintiendo cierto miedo ante la inmensa potencia que despliegan los 145 caballos de su motor de un litro, a años luz de los humildes 50 caballos de mi antigua Kawa y tal es así, que aún no he tenido los arrestos suficientes para utilizarla en el modo “Sport”, es decir, con la configuración de motor en la que entrega toda su potencia a ful y sin ninguna restricción.


Y no es que no me fíe de la moto, es que……...no me fío de mi. No he pasado el tiempo suficiente con ella como para conocerla a fondo y sigo sin sentirme cómodo manejándola a alta velocidad durante mucho tiempo. Honestamente creo que mi pilotaje no está aún a la altura de esta máquina y es por este motivo por el que sigo utilizándola en el modo “Standart”, esto es, el que viene con la mayor limitación de potencia y con el control de tracción y de freno de motor más elevado. 


Aún así, el modo Standart es una bomba. Las subidas de San Mateo a Tejeda, la de Tejeda a Artenara o la de Valsequillo a San Mateo que he hecho en repetidas ocasiones, están plagadas de curvas que me están permitiendo irle cogiendo el tranquillo poco a poco. Ahora puedo hacer estas subidas en segunda todo el tiempo sin cambiar de marcha, entrando en las curvas a 40 kilómetros por hora para, en dos o tres segundos, ponerla a 110, hasta llegar a la siguiente. La moto ni se entera.


Todas las cortapisas que tenía con la Kawasaki han desaparecido. Las ocasiones en las que la falta de potencia impedían un adelantamiento o aquellas otras en las que la escasez de frenos obligaban a soltar acelerador antes de lo necesario o en las que había que tener cuidado a la hora de “tumbar”, han pasado a la historia.


He tenido que comprar un nuevo casco porque el antiguo, a pesar de estar en buenas condiciones, me quedaba un poco grande y si bien con la Kawasaki no lo apreciaba en absoluto, la potencia de la Honda es tan espectacular que empecé a notar que cuando aceleraba con contundencia, el casco tendía a salir de mi cabeza. Con el nuevo eso ya no ocurre.


Desde el 16 de diciembre de 2022 en que la recogí el concesionario han sido muy pocos los domingos que no he salido con ella de paseo. En este tiempo he hecho unos 9 mil kilómetros cuando con la Kawasaki la media era de 5 mil al año y claro, ahora salgo un domingo de casa y……....ya no sé a dónde ir. En estos meses he estado en todos los pueblos y rincones de la isla.


Y en esas estaba cuando me dije ¿y por qué no darme un salto con la moto a Tenerife? Reconozco que a mi viajar no me gusta en absoluto y hacer turismo menos (es algo sobrevalorado en mi opinión). Solo entiendo lo de viajar cuando necesito algo que no puedo encontrar en Gran Canaria y tengo que, obligatoriamente y por fuerza, salir fuera a buscarlo, es decir, se cumplen todos los requisitos. Viajo por necesidad. No voy a hacer turismo, sino a buscar algo que no encuentro aquí, esto es, rutas diferentes con las que disfrutar de la conducción de mi nueva moto.


Así que aprovechando mis próximas vacaciones estoy considerando la posibilidad de pasar una semana en la isla “picuda”. La única lástima es que a mi mujer no le gusta lo de subirse en la moto por lo que, con gran pesar por mi parte, tendré que ir yo sólo. 


Tenerife es la más grande de las islas Canarias y ya tengo más o menos previstas las cuatro rutas que pienso hacer.


Los domingos también son peligrosos en Tenerife por la cantidad de locos que, al igual que en Gran Canaria, salen a la carretera los fines de semana pensando que están en un circuito pero como estaré de vacaciones, aprovecharé para ir de lunes a viernes evitando así a los “Marc Márquez” chicharreros.


Ya he mirado el trayecto en barco y va de la capital de Gran Canaria a la capital de Tenerife. La travesía dura una hora y media por trayecto y sale por unos 45 euros ida y vuelta. He reservado alojamiento con media pensión en un hotel de Santa Cruz. El plan es desayunar fuerte en el hotel, salir de excursión, comer un tentenpié a mediodía para regresar por la tarde, descansar y cenar también en el hotel. En un primer momento consideré quedarme en La Laguna en donde hay más ambiente pero el precio de la estancia en Santa Cruz era imbatible.


¡A ver qué tal sale todo!

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