4 nov 2009

Tu quoque fili mi

¡Qué penoso espectáculo nos está ofreciendo el PP!

Por un lado, Madrid. Tengo que reconocer que el actual alcalde de la Villa del Oso y el Madroño me cae bastante mal y, desde luego, no me gusta como candidato a presidente del Gobierno, si bien su preparación y experiencia están fuera de toda duda, al contrario que el innombrable, que ha accedido a la Presidencia del Gobierno sin mérito, ni bagaje alguno y como consecuencia estricta de una manipulación asquerosa y repulsiva de unos atentados siniestros, pero Gallardón, simplemente, no me gusta.

Su continuo interés por desmarcarse, a toda costa, de la línea general trazada por el Partido Popular, en un intento de aparecer como el paladín de la derecha “dialogante”, frente a la derecha “reaccionaria e inflexible” representada por Rajoy. Sus repetidos guiños al grupo Prisa con el objeto de obtener un respaldo mediático que el diario de cabecera del grupo, El País –un panfleto infumable, por otro lado- está dispuesto a ofrecerle, no porque crea en él como un futurible candidato válido para dirigir España, sino porque lo considera una herramienta objetivamente útil para desgastar al Partido Popular, una especie de caballo de Troya con el que garantizar la permanencia del PSOE al mando del timón de España, por mucho que Prisa haya sido sustituida por la Sexta, Roures y el marido de Carmen Chacón en todo el entramado mediático socialista. Su desmedida ambición por hacerse con las riendas del Partido Popular, casi a cualquier precio o sus manifestaciones ante ZP recriminando a todos los ciudadanos que abuchearon al Presidente del Gobierno el pasado 12 de octubre, cuando hay motivos de queja más que suficientes, cuano para más inri representa no sólo a Madrid, sino al principal partido de la oposición al ¡¡propio ZP!!. Su ataques directos a Esperanza Aguirre y a CajaMadrid y ahora, por último, lo de Cobos, el vicealcalde de Madrid que –con conocimiento de Gallardón, no me cabe duda- ha realizado unas manifestaciones que únicamente han servido para que Pepiño Blanco las use de munición pesada contra el PP.

Por otro, Valencia. ¡Ya está bien de que Camps crea que puede hacer lo que le parezca! Vale que lo de los trajes no fue más que otra de las operaciones de propaganda goebbelianas propia de los socialistas y que a lo más que llegó, fue a una acusación por un supuesto “cohecho impropio” –han tenido que retorcer la interpretación de la norma hasta el extremo-, de acuerdo con que sólo a un imbécil se le ocurriría quemarse por tres o cinco trajes valorados en tres mil quinientos euros, pero la actitud desplegada por Camps con respecto a Costa, ha constituido un intento de insubordinación para con la dirección nacional, que no debe quedar impune. Tanto más, cuando la comunidad autónoma valenciana constituye uno de los bastiones populares en el país.

Por otro, Esperanza Aguirre, que aunque en mi opinión es la mejor candidata para dirigir el PP y España con diferencia, también ha contribuido -bien es verdad que por otros motivos- a todo este espectáculo que ha presenciado la ciudadanía.

Con la situación económica que estamos sufriendo, con los niveles de paro más altos de la Unión Europea -los cinco millones de parados ya constituyen un escenario más que probable-, con un ZP que sufre un muy acusado desgaste, más que nada por la cosmeticidad de las medidas que ha adoptado para afrontar la crisis, el PP se desgañita públicamente en luchas intestinas que no hacer sino dinamitar la imagen de solidez rocosa que exhibía hasta ahora.

Rajoy debe ser sustituido cuanto antes. Su indolente y, por qué no asumirlo, pusilánime forma de entender la política, buscando siempre contemporizar antes que adoptar medidas contundentes dentro de sus propias filas, no hace sino transmitir una sensación de zozobra a todos aquellos que tememos las trágicas perspectivas que se cernirían sobre España con una nueva legislatura bajo el desastre socialista.


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