Empresarios y desempleo

Habitualmente, cuando voy a recoger a mi hija al colegio, sintonizo el programa de Julia Otero, “Julia en la Onda” al que regularmente asiste Pilar Rahola como tertuliana. Reconozco que ninguna de las dos me cae bien y que cada vez que dan su opinión sobre algo yo, normalmente, estoy en las antípodas, pero por eso mismo me resulta interesante escuchar los argumentos que utilizan en la defensa de sus puntos de vista. La Sra. Rahola intervino ayer o anteayer y decía, más o menos, que “los tiempos estaban cambiando de tal forma como consecuencia de los trágicos efectos de la crisis que, tal vez, nuestra sociedad debiera empezar a asumir que cuestiones que dábamos por definitivas e irreversibles, pudieran no serlo tanto”.

El otro día leía en un diario digital que en el informe “Doing Bussiness 2012”, -una especie de clasificación de países en función de las facilidades que ofrece para abrir una empresa- que por lo visto elabora el Banco Mundial, se destacaba que para crear una empresa en España se necesitaban 47 días y 10 trámites, situándonos en el puesto 133 de los 183 que incluye el listado. En cuanto a los mejores países para hacer negocios, el mismo informe nos coloca en el puesto 44.

He escuchado también las manifestaciones del presidente de los empresarios españoles proponiendo bajar la indemnización por despido improcedente de 45 a 20 días y el procedente de 20 a “12 días o a nada”. Preguntado sobre si desaparecería esta indemnización dijo: “Si el despido es procedente, nada, es despido procedente. Dependerá”.

Por último he tenido la ocasión de leer variadas opiniones de representantes sindicales y dirigentes de izquierda respecto de lo manifestado por el presidente de la patronal, señalando algunos que la CEOE es un satélite del Partido Popular y otros que "la gran preocupación de la CEOE es cómo contratar sin causa, consagrar el empleo temporal y despedir de una manera que sea más fácil y barata para los empresarios".

Como siempre, cada cual tiene su opinión pero viendo la situación desapasionadamente, sin querencias partidistas o inclinaciones ideológicas, fácilmente se pueden admitir algunos hechos que creo resultan incuestionables.

Uno. Vivimos en una sociedad capitalista con todo lo que esto significa.

Dos. Más del 80% de las empresas españolas son pequeñas y medianas. Hablamos del estanquero que vende cigarrillos y revistas, del que tiene una barbería, del que se gana la vida con su taller de chapa y pintura o del que lo hace con una panadería, con una cafetería, con una charcutería o con un puesto en cualquier mercado del país; hablamos de un dentista o de un arquitecto o de un abogado o de un taxista……...es decir, empresas del tamaño de Inditex, El Corte Inglés, Telefónica o Repsol, lamentablemente, en nuestro país no hay muchas.

Tres. Rondamos casi los cinco millones de desempleados. De mis cuatro hermanos tres están en el paro.

Cuatro. El empleo lo crea el empresario y no el trabajador. Y aunque haya una multitud de personas que opinen que el primero sólo quiere “llenarse los bolsillos” a costa del segundo o por mucha reforma del mercado laboral o planes de mejora del empleo que pretendan legislarse, lo mismo desde la perspectiva del PP o como de la del Psoe, creo que hay que aceptar como un axioma objetivo e irrefutable el hecho de que si no aparece un empresario dispuesto a pagar a un trabajador un precio cierto a cambio de un tiempo de trabajo, el trabajador por sí sólo es incapaz de generar recursos pecuniarios con los que garantizar su sustento. Las facturas no se pagan por el hecho de ser un experto electricista o una exquisita decoradora; se pagan porque aparece un tercero que, por lo que sea, está dispuesto a ofrecer a esa decoradora o a ese electricista un salario a cambio de sus respectivos servicios.

Total, que no me parece muy descabellado concluir que a más trabas que se le pongan al empresario, -no olvidemos el tamaño de la inmensa mayoría de ellos en nuestro país- menos posibilidades existirán de reducir el desempleo. Creo que es la consecuencia lógica de la premisa. Si no resulta atractiva la contratación, cualquier iniciativa de negocio se verá coartada desde el estudio previo de viabilidad. El panadero al que le quedan pocos años para la jubilación y que por ese motivo, podría considerar la posibilidad real de contratar un trabajador que le ayudase en la tarea diaria, se lo piensa ante una legislación laboral como la vigente actualmente y desiste de su idea. Preferirá continuar él sólo partiéndose el alma hasta el final de su vida laboral, ayudado quizá por alguno de sus nietos, antes que “meterme en la hipoteca que significa contratar a alguien”, que fue lo que me comentó una compañera, hija del panadero del ejemplo, si bien la actividad de su padre, es otra.

Tengo que reconocer que con la que está cayendo, va a ser muy difícil defender la existencia de una indemnización cuando el despido es declarado procedente. Si procede el despido –y eso lo determina un Juez- ¿qué justifica la indemnización? ¿no ha sido declarado justo el despido?. Si hoy alguien decide contratar a cinco trabajadores para levantar una casa mediando un contrato de obra, finalizada la vivienda, hay que indemnizar a los trabajadores. Creo que esto tampoco va a ser fácil sostener. Es decir, habiendo cumplido las partes lo pactado en el contrato de forma escrupulosa, ¿una de las partes debe indemnizar a la otra? ¿por qué? ¿en qué razón se apoya la indemnización?

Tal vez se podría argüir que el empresario está en una mejor posición que el trabajador, que representa el lado más débil de la relación, pero esto no deja de ser un argumento bastante endeble, cuando lo enfrentamos con el tamaño de la mayor parte de nuestro tejido empresarial. Me decía un conocido, electricista de profesión, justo cuando colgaba el teléfono, “pobrecito mi patrón, no sabe que el rico soy yo”. Su patrón lo había llamado. Sabía que estaba de vacaciones pero había salido un trabajo y lo necesitaba. La respuesta del electricista fue negativa: estaba en su mes de vacaciones. Le pregunté si su jefe cogía un mes como él, me miró con cara de ¡tú estás loco o qué! y me dijo: salió el jueves de vacaciones, el lunes hubo puente y volvió el martes a trabajar”

A lo mejor a esto se refería Rahola cuando decía que había cuestiones que nuestra sociedad daba por inalterables e inamovibles.

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